Empieza a ser natural ver despachos y locales comerciales con más de una actividad y algunas veces muy diferenciadas. Se denominan desde negocios “ híbridos “ hasta co-working. Ver una peluquería dentro de un cafetería ya no es extraño, ir a un despacho y ver diferentes profesionales trabajando desde informáticos, diseñadores y agentes comerciales, por ejemplo, empieza a ser habitual y hasta encontrarme una deontologo compartiendo piso con un abogado, no siendo un negocio complementario.

Pero el fondo de compartir además de reducir gastos que es una necesidad común en los inicios, es unir recursos y esfuerzos, hacer sinergias entre tus clientes, compartir proveedores, compartir personal de atención al cliente, colaborar en proyectos en común… Es también compartir un proyecto individual con gente en tus mismas circunstancias, alguien que vive la misma experiencia que te ayuda, te acompaña, comprenda tus problemas, tus dudas, los miedos…

Los espacios de Coworking que se han formado en casi totas las ciudades son un modo de optimizar recursos para ser más eficientes y eficaces y también un modelo de agrupamiento para el emprendedor que es necesario al menos para los inicios, para COMPARTIR.

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